
Hace unas semanas que terminaste el tratamiento de encías. Ya no sangran al cepillarte, el mal sabor de boca ha desaparecido y tus encías ya tienen su tono rosado original. Y te ronda una pregunta razonable: ¿ya está? ¿Estoy curado?
Sí, la periodontitis se cura, pero deja una huella, a veces casi imperceptible, y puede volver. Por eso su tratamiento no termina con el raspado y alisado radicular (la eliminación de la placa y el sarro acumulados bajo la encía) o la cirugía periodontal. Una vez eliminada la inflamación, debe continuar con el mantenimiento periodontal, unas visitas periódicas adaptadas al riesgo de cada persona que pasan a formar parte de su rutina de cuidado.
En este artículo te contamos qué significa esa huella y qué ocurre en esas visitas que muchos pacientes confunden con una simple limpieza. Por el camino descubrirás por qué la mejor manera de tratar a las bacterias no consiste en declararles la guerra.
¿La periodontitis se cura? Lo que pensamos en Clínica Buitrago (y por qué hay debate)
Empecemos por su hermana menor. La gingivitis es la inflamación de la encía causada por la acumulación de placa bacteriana. Cuando se trata, la encía recupera su estado normal y no queda rastro: se cura del todo. Lo mismo ocurre con cada brote de inflamación que pueda aparecer a lo largo de la vida si se ataja a tiempo.
La periodontitis va un paso más allá. La inflamación ya no se queda en la encía: alcanza el hueso y los tejidos que sujetan el diente y los destruye poco a poco. Con el tratamiento adecuado, la inflamación desaparece, la destrucción se detiene y la enfermedad deja de avanzar. Para el Prof. Dr. Pedro Buitrago, eso es una curación. Eso sí, una curación que no te ha inmunizado y, además, deja huella.
Piensa en un esguince de tobillo. Se cura: vuelves a caminar, a correr y a subir escaleras sin pensar en ello. Pero el ligamento que se estiró puede quedar algo más laxo, y ese tobillo tiene más papeletas de volver a torcerse que el otro. Por eso el fisioterapeuta te manda ejercicios de refuerzo y aprendes a pisar con más cuidado. Con la periodontitis ocurre algo parecido: la enfermedad se cura, el terreno queda marcado y, si se dan las condiciones, puede reaparecer.
Si has buscado información por tu cuenta, habrás leído también que la periodontitis “no se cura, se controla”. Es otra forma de explicarlo, bastante extendida entre los periodoncistas, y el debate tiene más de palabras que de fondo. La clave es que las dos posturas coinciden en lo que importa: la inflamación se puede apagar, el tejido perdido no vuelve por sí solo y quien ha tenido periodontitis necesita seguir cuidándose para que no regrese. Ya digamos “curada” o “controlada”, la consecuencia práctica es la misma, y tiene nombre: mantenimiento periodontal.
La huella que deja la periodontitis
¿En qué consiste exactamente esa huella? Sobre todo, en lo que la enfermedad se llevó por delante.
- El hueso y la encía perdidos. El tratamiento detiene la destrucción, pero no la revierte: el soporte que se perdió no vuelve a crecer por sí solo. En algunos defectos concretos del hueso se puede intentar regenerarlo con cirugía, aunque no es posible en todos los casos ni en todos los dientes.
- Encías más retraídas. Al desinflamarse, la encía suele bajar y los dientes se ven algo más largos. A veces aparecen pequeños espacios oscuros entre ellos, los llamados “triángulos negros”. Las dos cosas tienen solución en muchos casos: la encía retraída puede cubrirse con injertos, y los triángulos negros pueden reducirse con composite, carillas u ortodoncia, según cada caso.
- Bolsas residuales. En algunas zonas puede quedar entre la encía y el diente un espacio más profundo de lo normal, difícil de limpiar en casa, donde las bacterias encuentran refugio.
- La predisposición. Quien ha tenido periodontitis tiene un organismo más sensible a la placa que el de otras personas. Esa sensibilidad no desaparece con el tratamiento, y a ella se suman factores como el tabaco, la diabetes o el estrés.
No todas estas secuelas aparecen en todas las personas, ni con la misma intensidad. En una periodontitis leve tratada a tiempo, la huella puede ser tan pequeña que solo se aprecia con la sonda periodontal o en una radiografía; la predisposición, en cambio, queda siempre. Ninguna de estas secuelas impide tener una boca sana durante décadas. Explican, simplemente, por qué una boca que ha pasado por una periodontitis necesita una atención distinta a la de una boca que nunca la ha tenido.
Disbiosis: cuando el jardín bacteriano se desequilibra
Al Dr. Buitrago le gusta hablar de nuestro “jardín bacteriano”, y la imagen es más precisa de lo que parece. En la boca viven cientos de especies de bacterias (se han identificado más de 700 en una boca normal) y la gran mayoría convive con nosotros sin causar daño. Muchas, de hecho, nos protegen, porque ocupan el sitio que otras querrían ocupar.
Incluso las bacterias que se asocian con la periodontitis están presentes en bocas sanas, en pequeña cantidad. Son las malas hierbas del jardín, y su mera presencia no es el problema. El problema llega cuando el equilibrio se rompe: la placa se acumula, la encía se inflama y esa inflamación crea justo el ambiente en el que esas especies prosperan y desplazan a las demás. A ese desequilibrio se le llama disbiosis y, en las personas predispuestas, es lo que pone en marcha la periodontitis.
Si el problema es el desequilibrio, la solución no pasa por arrasar el jardín. “Se trata de aprender a convivir con las bacterias, porque las necesitamos, pero sin que se desmadren, en perfecto equilibrio”, explica el Dr. Buitrago.
Por eso aquí no recurrimos de entrada a los antibióticos. La guía clínica de la Federación Europea de Periodoncia desaconseja su uso rutinario en el tratamiento de la periodontitis y los reserva para casos concretos: las bacterias de la placa se organizan en una película que los fármacos atraviesan con mucha dificultad, y usarlos sin necesidad favorece las resistencias. Los colutorios antisépticos como la clorhexidina tienen su momento, siempre indicados por el profesional y durante un tiempo limitado, porque su uso prolongado mancha los dientes y altera el gusto.
Lo que funciona es más humilde: retirar la placa de forma mecánica, en casa cada día y en la consulta cuando toca, para que las malas hierbas no se adueñen del jardín. El Dr. Buitrago lo resume así: “En la periodontitis, azada y paciencia”.
Qué es el mantenimiento periodontal (y por qué no es una limpieza)
El mantenimiento periodontal es el conjunto de visitas periódicas que necesita una persona tratada de periodontitis para conservar la salud de sus encías y detectar a tiempo cualquier recidiva (reaparición de la enfermedad). Es la última fase del tratamiento y la que permite conservar en el tiempo todo lo conseguido.
Desde fuera puede parecer una limpieza, pero va bastante más allá. En cada visita:
- supervisamos cómo te limpias en casa y en qué zonas se te resiste la placa, y te damos indicaciones concretas para ellas;
- comprobamos si ha aparecido algún factor de riesgo nuevo: un medicamento, una diabetes recién diagnosticada, una época de estrés, un implante o una ortodoncia que complican la higiene.
- revisamos las encías de toda la boca en busca de sangrado y de bolsas que se estén volviendo a profundizar;
- y usamos instrumental específico para retirar la placa y el sarro, también los que se esconden por debajo de la encía.
La limpieza convencional está pensada para bocas que no han perdido soporte. Una boca tratada de periodontitis necesita que alguien revise lo que pasa por debajo de la encía y lo compare con la visita anterior, porque esa comparación es la que permite detectar una recaída cuando todavía es pequeña. Y no, no suele doler: normalmente se hace sin anestesia, salvo que haya mucha sensibilidad o haga falta tratar una zona concreta.
¿Cada cuánto hay que hacer el mantenimiento periodontal?
No hay un calendario universal. La guía clínica europea recomienda intervalos de entre 3 y 12 meses, ajustados a cada persona, con más frecuencia cuando el riesgo es mayor.
Lo que acorta o alarga ese intervalo es el riesgo de cada boca: que las encías sigan sangrando en algunas zonas, que queden bolsas residuales, la calidad de la higiene en casa, la gravedad de la periodontitis que se trató, una diabetes mal controlada o el tabaco, que es doblemente traicionero porque las encías de los fumadores sangran menos y la enfermedad pasa más desapercibida.
El intervalo tampoco está escrito en piedra. Se revisa en cada visita: si la boca se mantiene estable, puede espaciarse; si aparecen señales de alerta, se acorta.
Qué pasa si abandonas el mantenimiento periodontal
La periodontitis no tiene por qué avisar de forma clara cuando empieza y tampoco cuando vuelve. No suele doler. Las encías pueden sangrar un poco (o ni eso, si fumas) y el hueso se va perdiendo en silencio durante meses o años antes de que un diente empiece a moverse.
Los estudios que han seguido durante años a pacientes tratados lo confirman: quienes acuden con regularidad a sus visitas de mantenimiento sufren menos brotes de inflamación y pierden menos dientes que quienes van de forma irregular. Y cuando la enfermedad reaparece, cada recidiva suma pérdida de soporte a la huella que ya había.
Casi nadie decide dejar el mantenimiento. Simplemente pasa: un año con mucho trabajo, una mudanza, la sensación de que todo va bien y ya no hace falta. El problema es que esa sensación de normalidad es justo la que produce la enfermedad mientras avanza.
Cómo hacemos el mantenimiento periodontal en Clínica Buitrago
En Clínica Buitrago, el mantenimiento periodontal lo realiza nuestro equipo de higienistas. Cada paciente tiene su propia periodicidad, fijada según su perfil de riesgo, y la conoce desde el principio. Aun así, le avisamos cuando se acerca la cita, porque entre el trabajo y la familia es fácil que cuatro meses se conviertan en un año sin darse cuenta.
En cada visita revisamos toda la boca en busca de bolsas que se estén profundizando, que son la primera señal de que algo se mueve. Por lo general, una vez al año el paciente tiene además una revisión con el Prof. Dr. Pedro Buitrago, en la que como periodoncista valora cómo evoluciona su boca en conjunto y toma registros completos de sus encías. Esa revisión se adelanta si antes aparece alguna señal de alerta.
Así combinamos dos miradas: la del equipo de higiene, que ve al paciente con frecuencia y conoce su boca, y la del periodoncista, que revisa la evolución con perspectiva y decide si hay que cambiar algo.
¿Dejaste el mantenimiento hace años? Así se retoma
Si te trataron de periodontitis, aquí o en otra clínica, y hace tiempo que perdiste la cuenta de las revisiones, no eres el único. No te vamos a echar la bronca porque, no nos engañemos, volver requiere valentía y eso es para reconocértelo, no para reñirte. Lo que sí necesitamos es saber cómo está tu boca hoy.
Por eso, cuando alguien vuelve después de años, empezamos por una primera visita completa, aunque tengamos su historial y conozcamos sus antecedentes médicos. La ficha cuenta cómo estaba tu boca la última vez que la vimos, y desde entonces han podido cambiar tus encías, tu salud general, tu medicación o tus hábitos. Con esa foto actualizada sabremos si basta con retomar el mantenimiento o si antes hay que tratar alguna zona que se ha reactivado.
Si te trataron en otra clínica y además tienes dudas sobre el diagnóstico que te dieron, también puedes pedirnos una segunda valoración. Y cuanto antes vuelvas, mejor: un jardín que lleva poco tiempo descuidado se arregla con mucho menos trabajo que uno que lleva diez años sin que nadie pase la azada.
Preguntas frecuentes sobre la periodontitis y su mantenimiento
En Clínica Buitrago consideramos que sí: con el tratamiento adecuado, se puede recuperar el equilibrio con tus –necesarias– bacterias bucales, la inflamación desaparece y la enfermedad deja de avanzar. Pero deja huella, mayor o menor según lo avanzada que estuviera la enfermedad, porque el hueso y la encía perdidos no vuelven por sí solos, y puede reaparecer. Por eso, después del tratamiento, el mantenimiento periodontal pasa a formar parte del cuidado habitual de la boca.
Sí. La predisposición de cada persona no desaparece y las bacterias vuelven a acumularse con el tiempo. Las visitas de mantenimiento sirven precisamente para detectar una recaída cuando todavía es pequeña y tratarla.
La higiene diaria es imprescindible, pero no suficiente. Por mucho cuidado que pongas, hay zonas, sobre todo por debajo de la encía, a las que el cepillo y los cepillos interdentales no llegan. Hacen falta las dos cosas.
Normalmente no. Se suele hacer sin anestesia, salvo que haya mucha sensibilidad o sea necesario tratar alguna zona bajo la encía.
Sí, rotundamente sí. Un implante no tiene caries, pero la encía y el hueso que lo rodean pueden enfermar: es la periimplantitis, más difícil de tratar que la periodontitis. Si tienes implantes, se revisan en las mismas visitas de mantenimiento.
Si te trataron de periodontitis y no recuerdas cuándo fue tu última revisión, o si tienes dudas sobre cómo están tus encías ahora, ven a vernos. Revisaremos tu boca con calma y te diremos qué necesita, ni más ni menos.
Otras fuentes consultadas
- Sanz M, Herrera D, Kebschull M, et al. Treatment of stage I–III periodontitis. The EFP S3 level clinical practice guideline. Journal of Clinical Periodontology, 2020. doi:10.1111/jcpe.13290
- Hajishengallis G, Lamont RJ. Beyond the red complex and into more complexity: the polymicrobial synergy and dysbiosis (PSD) model of periodontal disease etiology. Molecular Oral Microbiology, 2012. PMC3653317
- Costa FO, Cota LOM, Lages EJP, et al. Progression of periodontitis in a sample of regular and irregular compliers under maintenance therapy: a 3-year follow-up study. Journal of Periodontology, 2011. PubMed 21342000
- Costa FO, Cota LOM, Cortelli JR, et al. Surgical and non-surgical procedures associated with recurrence of periodontitis in periodontal maintenance therapy: 5-year prospective study. PLOS ONE, 2015. doi:10.1371/journal.pone.0140847




